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viernes, 9 de abril de 2010

Una versión de la película 300

Como empezar a contar dicha historia como poder relatar con detalle los sucesos de esa noche.- dijo el anciano cerca del fuego mientras asesinaba al frió que atentaba a sus débiles huesos.

Los jóvenes guerreros que esa noche acompañaban las estrellas escuchaban el relato como si la vida les fuera en ello, estaban tan atentos al relato que no se habían percibido de la presencia de dos ciervos que se habían posado cerca del fuego para calentarse en esa invernal noche de diciembre.

Pues como os iba contando esto empezó una tarde calurosa de agosto, íbamos con la cuadrilla a hacer los entrenamientos de cada día, cuando de repente nos vino el mensajero y nos dijo que teníamos que dirigirnos rápidamente a la plaza central que teníamos que reunirnos con extrema urgencia.

Allí estábamos sentados en las gélidas piedras de la plaza entre regimientos preparados a la noticia que nos acaecía. Del murmullo se paso al sepulcral silencio ante al presencia del rey acompañado de su bella reina cogidos del brazo y con paso firme se postraron en el centro de la plaza, depositamos nuestros cascos en el suelo como símbolo de respeto a nuestra alteza.

El con todo su portento dijo con voz firme y segura:

Soldados habéis luchado contra Teutones, Árabes Griegos y contra infinidad de ejércitos!!....... no para expandirnos sino para evitar que sus dioses quieran habitar nuestras tierras………..Hemos vencido a cuantos nos han retado, no tememos a la muerte y sabemos que aun así algún día nos llegara.

Cogió aire y pasados unos eternos segundos prosiguió:

A días de hoy todavía huyen a la idea de que estas tierras no serán conquistadas, en verdad os digo que ya no se como hacérselo entender. (en ese momento todos dejamos salir carcajadas ante tal verdad). Espartanos nosotros no nos rendiremos y demostraremos que no sucumbiremos ante nadie, pues hoy ha venido un emisario de un tal Gerges (en es momento aparece atado un hombre de oscura piel ).

El Rey se acerca al emisario y le dice:

Ves a estos guerreros crees que tememos a tu señor? Recuerda somos espartanos no nos doblegamos ante nadie.

Emisario: mi señor arrasara estas tierras con su furia, sus tropas derrumbaran cuanto encuentren a su paso, nada quedara en pie a su paso, todo lo que veréis será parte de su imperio no habrá recoveco del mundo que Gerges no conquiste.

El rey desenfunda su espada y le dice:

Te crees en el derecho de entrar en mi ciudad, mancillar el nombre de mis hombres y el mió, y encima pretendes darnos lecciones?, de una estocada la abre el pecho en dos, entonces, de una patada lo tira al pozo seco, por el cual cae gritando y oímos como su cráneo se destroza al impactar contra el duro suelo del pozo, todos los soldados nos levantamos en ese instante.

El rey dirigiéndose a todos nosotros nos dijo:

Espartanos prepararos que esta noche partiremos hacia las líneas enemigas para defender estas tierras.

Y todos respondimos al unísono:
Haaa haaa haaa

Cada soldado regresó a su humilde morada para coger su lanza escudo y yelmo, y con un beso a sus esposas nos dirigimos a al salida de la ciudad.

En ella dejamos mujer e hijos mas sin lagrima partimos a la lucha.

Yelmo bajo el brazo lanza en mano y escudo en la espalda partimos a la batalla que nos depara, a paso firme partimos sin mirar atrás, por el camino con sarracenos y godos nos encontramos los cuales se unen a la batalla, ellos en total son unos 500 y nosotros 300 pero nosotros hemos nacido entrenados y hemos sido hechos para luchar.

Llegamos a las extensas llanuras de las tierras sarracenas donde pasados los valles del norte tendremos nuestro encuentro con las tropas de Gerges, emocionados por ver ese grandioso y prometido enemigo, el cual se alzaría vencedor ante cualquier ejercito seguimos caminando.

Vimos como los barcos enemigos plagaban los mares embravecidos.

Levantamos el campamento tras los acantilados para poder protegernos de al inminente tormenta, una vez montadas las tiendas, encendimos los fuegos esa noche nos prepararíamos para que el día siguiente de buena mañana empezaríamos al batalla, no seria una batalla normal pues veíamos como el enemigo era inmenso crecía por momentos, mientras nosotros estábamos emocionados ante tanta carnaza los demás estaban atemorizados pues era un ejercito que se contaba por centenares de miles.

Esa noche el silencio sepulcral solo se veía profanado por el crujir de la madera en el fuego.

Al despuntar el alba estábamos todos preparados esa noche había llovido en las tierras donde nos batiríamos pero no era percibidle si no savias verlo o sino estabas justo encima del fango.

Unos godos por la noche habían abastecido el terreno de un aceite especial, era de un tono tostado que se camuflaba con la tierra, seria un factor sorpresa.

Por un lateral había las escarpadas rocas que se levantaban por encima de los cielos, por la otra un descenso vertiginoso hasta las profundidades de las gélidas aguas.

Esa mañana era una mañana fría, se notaba como el gélido frió calaba en los huesos de los guerreros, la formación era una innovación puesto que veíamos que los demás guerreros no estaban preparados para tal hazaña, por lo cual nos pusimos delante al frente cubriendo nuestra delantera con los escudos, y los sarracenos estaban preparados detrás, entonces notamos temblar al tierra, no eran terremotos sino el paso ligero de las fuerzas enemigas.

Entonces nuestro rey levantando la lanza nos gritó: “ESPARTANOS!! DEMOSTREMOSLE QUENES SOMOS, DESAYUNAD BIEN PORQUE HOY NOS LOS CENAREMOOOOOOOOSSS” y de entre las filas de los sarracenos se escucho un “yeeeeejaaaa!!!!” acto seguido vimos salir volando a un escuálido guerrero que cayó al mar.

Nos mantuvimos en formación mientras veíamos acercarse al primer escuadrón, soldados armados con lanzas y espadas y vestidos con turbantes y ropajes largos.

Vinieron como una mole, pero se empotraron contra nuestros escudos, no dejamos que penetrasen, aguantamos fuerte con ferocidad, entonces les hicimos retroceder a golpe de escudo y con lanzada firme, fueron cayendo uno tras otro hasta no quedar ninguno.

Apilamos sus cuerpos formando un paso mas estrecho, pero esta vez los cuerpos fueron apilados en la parte fangosa y llena de aceite, los godos aprovecharon al ocasión para situarse detrás de nosotros después de haber rociado de nuevo el lugar.

Ahora venia una caballería inmensa, nuestro general decía que nos quedásemos quietos que esperásemos, entonces cuando la caballería estaba apunto de pasar por la muralla de cuerpos los godos se levantaron con los arcos y las flechas encendidas, nosotros nos agachamos, y de repente la luz se hizo en el cielo, pues una masa flameante nos cubrió impactando contra al caballería enemiga y contra las murallas humanas haciéndolas arder, eso hizo abrasarse a todos los guerreros que allí se encontraban, entonces el enemigo hizo volar sus flechas y cubrió el cielo de ellas, nos agachamos y millares de flechas se clavaron en nuestros escudos, pero muchos de los godos cayeron puesto que no estaban preparados.

Sin dar respiro una nueva oleada de guerreros se acerco, nuestras lanzas los atravesaban como mantequilla, la muralla había quedado derruida y la mayota de los cuerpos calcinados ahora se encontraban apagados en las profundidades del mar.

Ahora se acercaban los llamados inmortales, ahora pondríamos en duda su nombre, probaríamos cuanto resistente era esa inmortalidad, el grupo llamados Ángeles de la Noche saliendo de lo que era la formacion normal nos separamos del grupo, éramos cinco espartanos cada uno cogió un escudo de mas de los compañeros caídos o heridos de gravedad.

Nos subimos a las escarpadas rocas, y allí arriba esperamos nuestro momento, se podía ver como luchaban y la sangre brotaba borbotones como las frías lanzas atravesaban los cuerpos como si estuvieran pinchando gelatina.

Entonces cuando venia el siguiente regimiento empapamos el exterior de los escudos con aceite para quemar el cual haría que todo resbalaría, de un salto nos tiramos los cinco ladera abajo, subidos en los escudos, la lanza firme y protegiéndonos con el otro escudo.

Al hacer fricción los escudos contra las piedras hacia salir chispas, las cuales encendieron el aceite y eso hizo envolvernos en llamas, parecían 5 bolas de fuego descendiendo de al montaña, una vez abajo lanzamos nuestras lanzas y desenfundamos las espadas, nosotros patinábamos encima del barro haciendo imposible que los demás pudiesen hacer nada puesto que llevábamos una gran velocidad y de unas sola estocada heríamos a mas de seis guerreros.

Durante toda la mañana resistimos el incesante ataque, entonces un carruaje montado en centenares de esclavos se acerco, era el mismísimo Gerges, se postro ante nosotros, sorprendido de las escasas bajas de nuestras tropas descendió del carruaje.

Era un hombre de mas de 2 metros de altura, lo cual hacia mas notoria su presencia, era oscuro como la noche, lleno de cadenas y pendientes, dio unos pasos y nos dijo con una voz extrañamente grave:

Sois el ejercito mas resistente que me he encontrado, pero todavía os queda todo eso(dijo señalando a sus espaldas mostrando sus tropas), deberíais rendiros y os perdonare la vida.

Nuestro rey le dijo:

De momento no nos va mal, además tu ejercito esta cayendo regimiento tras regimiento.

Gerges se puso detrás de nuestro rey y le dijo:

No querría desperdiciar unos guerreros tan valiosos

Rápidamente nuestro rey se apartó y le dijo:

Sal de detrás de mi mariconazo se puede saber que haces tirandome el aliento en la nuca? Sal de aquí .

Todos nos descojonamos ante Gerges el cual enfurecido subió de nuevo a su carruaje y latigueando a sus esclavos volvió a su posada levantada en una noche.

Nos aposentamos en las cuevas de la montaña protegiéndonos de al dura noche resguardándonos del frió que era mas temible que cualquier ejercito.

Nos despertaron las trompetas de la caballería enemiga acercándose, era una verdadera avalancha de caballos al galope acercándose.

Los godos cavaron dos zanjas paralelas cruzando el camino y las taparon con ramas finas y con hierbajos.

Fue aparecer la caballería y desaparecer por los suelos tropezando los unos con los otros, y los que conseguían pasar se encontraban con nuestras lanzas.

Fueron cayendo regimiento tras regimiento, nosotros también éramos menos pero aun así aguantábamos su persistente ataque.


El tercer día teníamos un regimiento de centenares de hombres delante nuestro, Gerges se acerco nuevamente, pero a medida que se acercaba de nuestras filas traseras salió una lanza directa al hombro derecho del grandísimo Gerges, este malherido cayo en su trono gritando de dolor, y nuevamente salieron mas lanzas directas a su cuerpo atravesándolo.

El enemigo viendo a su semidiós muerto por nuestras lanzas se arrodillaron ante nuestro rey, mostrándole su sumisión.

La noche había terminado y el día despuntaba el anciano se levanta y los jóvenes que con el habían pasado la noche el acompañan se dirigen al borde del acantilado y el anciano dice:

Y nuestro rey se llenó de codicia y acepto la sumisión de los enemigos y los puso a filas, y ahora pretende conquistar cuanta tierra encuentre a su paso (decía mientras señalaba a los dos ejércitos que iban a batirse delante de sus atónitas miradas.


“”Ese día murieron dos reyes uno atravesado por lanzas del enemigo el otro por su propia codicia entrego su alma.””

4 comentarios:

  1. Jejejeje buena esta, un poco larga para ser la primera pero me ha gustado.

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  2. Tiooooo que me dijiste que sabias escribir pero no me imagine que asi de bien jejeje
    Espero leer mas heee

    Venga un besazo, esperare la proxima entrega jeje

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  3. Aaaayyy, las puntuaciones, Mir... Las puntuacioooneeesss... Que había frases que más que frases eran intento de asesinato por asfixia... :P jejeje Que va, que no, que está muy bien, chache!
    Hale, publica muchos más, eh???

    Muuuaaa!!!

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  4. Interesante el final alternativo ... un gustazo haberlo leido! haber si escribes mas cosillas
    un saludo!

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